ETAPA 21: ADIOS DELHI

Hoy era nuestro último día en la India, a las 12:30 salía nuestro avión para Delhi y nos recogió nuestro taxista en el hotel, mientras íbamos hacia el aeropuerto nos dijo que el Ganges estaba bajando 10 cm cada hora, así que se ve que nuestra estancia había coincido con el momento de la mayor crecida. Nos íbamos frustrados porque no habíamos visto los ghats, ni paseado por el Ganges, pero bueno, así tendríamos otra excusa para volver otra vez.

Nuestro avión salió puntual y llegamos a las 14:00 a Delhi, como nuestro vuelo de regreso salía a las 6:00 de la mañana, íbamos a dedicar ese día para comprar regalos y recuerdos. Lo primero que hicimos al llegar fue comer algo en un puesto del aeropuerto y buscar la consigna para dejar las maletas. Pagas un precio fijo por las dos primeras horas y después por cada hora que lo tengas allí, es un poco caro, pero es una buena solución para moverte por Delhi. Mientras dejábamos el equipaje llego un australiano al que le habían robado el resguardo y dinero del bolsillo mientras estaba por la zona de la gran mezquita sin que él se enterara, así que ya sabéis, cuidadín, cuidadín.

Nos fuimos al emporio estatal, una especie de gran almacén, no muy lejos de Connaught Place, allí compramos unas pashminas, pero en general era todo bastante caro, así que nos volvimos a Connaught Place, y por allí pasamos la tarde, tomando café y comprando recuerdos. Os recomiendo la tienda de FabIndia para compraros ropa, tanto de hombre como de mujer, es buena y está muy bien de precio. A eso de las 8 de la tarde y cargados de bolsas y regalos cogimos el metro, nos fuimos para el aeropuerto y recogimos el equipaje en la consigna.

Como no se puede pasar a la terminal de salidas hasta que queden 6 horas para que salga tu vuelo (eso hacía que no pudieramos pasar hasta las 12 de la noche), nos fuimos a la terminal de llegadas en el piso de abajo, donde había más gente haciendo tiempo, allí nos despedimos de la comida india con unas pakhoras, que nos abrasaron la boca y el estomago. A las 00:00 horas pasamos a la sala de salidas, colocamos bien todo en las maletas y a eso de la 1:30 de la mañana abrieron la facturación. Ya en la zona de embarque encontramos una tienda chulisima con artesanía, comida, especias, etc y curioseamos un rato más por las tiendas, hasta que por fin llegó la hora de embarcar.

Nos despedimos de la India con mucha pena, porque habían sido 20 días llenos de imágenes, de sabores, de olores y de colores que nunca íbamos a olvidar, pero pensando en volver alguna vez

ETAPA 20: VARANASI

Como ya sabíamos que estaba todo inundado nos preguntamos que íbamos a hacer hoy, sin poder visitar ningún ghat, así que empezamos el día acercándonos a Sarnath, una localidad situada a 10 km de Varanasi, famoso porque fue el lugar donde Buda dio su primer discurso y que es un centro de peregrinación para todos los budistas. Cogimos un tuktuk para acercarnos hasta allí y visitamos el parque arqueológico. No queda mucho que ver, porque apenas quedan restos de las innumerables stupas que en su día estuvieron levantadas ahí, aunque sí se conserva la gran stupa, aunque estaba parcialmente tapada por andamios. Había una gran cantidad de peregrinos de Sri Lanka, que habían llegado en una excursión, todos eran mayores e iban vestidos de blanco, y se sacaban sus fotos por turno riguroso en el lugar más sagrado de Sarnath. Charlamos un poco con ellos y después nos fuimos a ver el pequeño museo arqueológico de Sarnath, que sí merece mucho la pena. En él se encuentran todas las esculturas y relieves recuperadas en el recinto y, sobre todo, la pieza estrella, la columna de Ashoka, que se ha convertido en uno de los símbolos de la India, y que figura en sus billetes. Al museo no se puede entrar con cámaras ni móviles, no sabemos muy bien por qué. Lo primero que uno se encuentra al entrar es la columna de Ashoka y luego hay dos salas, la de la derecha dedicada al arte budista, con espléndidas esculturas de Buda y la de la izquierda al arte hinduista. El museo es pequeñito pero es muy interesante y nos dejó con muy buen sabor de boca.

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Dejamos Sarnath después de ver un templo budista moderno que estaba muy cerca y regresamos a Varanasi.

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Nos fuimos a ver el templo Laksmi, situado dentro de la universidad de Varanasi, que es enorme, el Durga temple o templo de los monos y el templo de la Madre India, que tiene en su interior un gran mapa de mármol de la India en relieve.

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Como ya era la hora de comer volvimos hasta el hotel y comimos algo en el centro comercial de al lado. La tarde la íbamos a dedicar a ver lo que pudieramos de la Varanasi inundada. Cogimos un tuktuk y fue bajarnos en la calle principal y empezar a llover bastante, así que nos refugiamos donde pudimos hasta que parara un poco. Luego seguimos aunque nos empapamos bastante de todas formas. Como ya os he dicho Varanasi es un auténtico caos, con calles no muy anchas abarrotadas de gente, tuktuks, bicicletas, perros, búfalos y vacas, todos en muy poco espacio. Vida no se puede decir que no tenga la ciudad. Llegamos otra vez hasta el final de la calle, hasta donde llegaba el río y donde seguía la gente apelotonada, con alguno bañándose ahí, a falta de ghats. Esta vez nos dimos cuente de que justo al lado está la entrada al Jantar Mantar de Varanasi, el observatorio astronómico creado por el emperador, copia del que ya habiamos visto en Jaipur, y que también hay en Delhi. Éste está muy hecho polvo (está todo decrépito y sin restaurar) pero lo bueno es que está en la azotea de lo que fue un pequeño palacio y desde ahí se pueden ver unas buenas vistas del Ganges y de los ghats, es decir, del Ganges, porque desde ahi pudimos apreciar la crecida del rio y como absolutamente todos los ghats estaban bajo el agua, porque el río había subido unos 10 metros. El río bajaba con una gran corriente y no se permitía a las barcas salir al río ni se podía celebrar la ceremonia nocturna de todos los días.

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Sacamos unas fotos desde ahí y nos lamentamos de nuestra mala suerte, así que volvimos a callejear por las estrechas callejuelas de Varanasi. Vimos vacas, santones, guiris sin saber muy bien por donde ir e infinidad de tiendas que venden desde té hasta infinitas figuras religiosas. Tanto callejeamos que nosotros también nos perdimos, asomamos calles inundadas que desembocaban en ghats sumergidos y acabamossaliendo otra vez a la calle principal. Esta vez tiramos hacia la derecha, y nos metimos por un interminable bazar de piezas de cocina y de todo tipo de cosas, mientras la gente nos miraba curiosa, se ve que hasta allí no llegaban muchos turistas. La verdad es que ya no sabíamos muy bien hacia donde quedaba el Ganges, así que tiramos para delante hasta que por fin asomamos a otra calle principal. Cuando llevábamos un rato andando por ella vimos una procesión que llevaba un muerto, asi que dijimos que esa era la nuestra y nos dispusimos a seguirla, pero nunca vimos a un muerto que fuera a tanta velocidad, iban tan rápido que acabamos perdiéndolo.

Ya eran las siete de la tarde.volvía a llover y teníamos los pies destrozados, así que llegamos a la calle principal dispuestos a coger un tuktuk para volver al hotel. Antes todavía vimos como acaba por los suelos un chaval en bici, al que había tirado un tuktuk, sin que nadie le hiciera ni caso, y como irrumpía de una bocacalle un búfalo totalmente cabreado no se por qué, lo que hizo que todo el mundo se apelotonara hasta que se calmó. Así es la India, y así es Varanasi: 400 personas, 15 bicicletas, 10 tuktuks,3 vacas, un búfalo cabreado, unos perros, se mezcla bien en una calle, se agita y a vivir…

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ETAPA 19: VARANASI

Varanasi era uno de los sitios que más ganas teníamos de visitar y por fin había llegado el momento. Nuestro vuelo salía a las 12:15 del aeropuerto de Delhi, así que cogimos el transporte que ofrecía el hotel para ir hasta el aeropuerto, facturamos sin problemas y a las 14:30 llegamos a Varanasi. Cuando aterrizábamos ya vimos que estaba bastante oscuro y muchos campos inundados. Parece que aquí sí que estaba el monzón que apenas habíamos visto hasta ese momento. Cogimos un taxi de prepago para ir hasta el hotel y se montó también con nosotros un guía a la caza de turistas que durante el trayecto hasta el hotel, casi media hora, intentó vendernos mil y una excursiones. Nosotros le dijimos que no, gracias, pero el tío siguió insistiendo, y lo que sí acordamos es que nos recogieran el día que nos íbamos para llevarnos al aeropuerto, porque nos cobraba lo mismo que a la ida y supusimos que si lo contratábamos en el hotel nos saldría bastante más caro.

Nosotros optamos por quedarnos en uno de los hoteles modernos de Varanasi y no en medio del meollo ruidoso del centro de la ciudad. El hotel, el Ramada Plaza, era un estupendo hotel de 4 estrellas que nos encantó, y aunque no está centrico tiene un pequeño centro comercial al lado, con un McDonald´s y un Pizza Hut, que eran la salvación para nuestros castigados estómagos. Tras ir al hotel comimos en el McDonald´s y cogimos un tuktuk para que nos llevara hasta el centro de Varanasi. Por el camino ya vimos la locura de ciudad en la que estábamos, la más caótica y bulliciosa de toda la India, que ya es decir. Primero fuimos en dirección opuesta al centro, hasta el puente que cruza el Ganges, desde donde nos habían dicho que se ve una gran vista del río: lo que nos encontramos allí fue una barbaridad de gente, de coches y de motos sobre el río porque iba crecidísimo debido a las lluvias del monzón y era un espectáculo para todo el mundo.

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Después de sacar unas fotos y de ser el centro de atención del puente fuimos en tuktuk hasta el centro porque queríamos ver los ghats y ya no quedaba mucha luz. Fuimos hasta Dasashvamedha Ghat el principal ghat de Varanasi, pero ¿qué fue lo que nos encontramos? Con las lluvias del monzón y con lo crecido que bajaba el río todos los ghats de la ciudad estaban inundados y totalmente bajo el agua, de hecho, el río llegaba hasta el principio de la calle y todas las escaleras del enorme ghat estaban sumergidas y ni se intuían. Parece ser que el nivel del río había subido unos 10 metros, así que nos encontramos con que estábamos en Varanasi y no íbamos a poder ver ni un miserable ghat debido a la tremenda crecida del río.

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Vimos como algunas personas se metían en el agua al comienzo de la calle delante de todo el mundo que se apelotonaba hasta el mismo lugar en el que llegaba el agua y decidimos meternos a callejear un poco por las estrechas callejuelas. Sorteamos a duras penas unas tremendas charcas que casi impedían meterse por las calles y empezamos a caminar por las callejuelas de Varanasi que conducen a los diferentes ghats. Conseguimos llegar hasta la entrada al famoso templo Vishwanath, con su cúpula de oro, destruído parcialmente por el emperador mogol Aurangzeb y que construyó en ese lugar una mezquita. Como esto ha hecho que el lugar fuera escenario de enfrentamientos entre hindúes y musulmanes en diversas épocas (la última vez hace unos años), las calles aledañas están literalmente tomadas por policías y militares con su equipo de antidisturbios, que se pasan el día sentados por la zona controlando que la vida siga tranquilamente. Al templo solo pueden acceder los hindúes, pero puedes llegar hasta la puerta y desde el exterior ver como asoma sobre los tejados la famosa cúpula de oro del templo. Para eso tienes que entrar en una calle en cuyo inicio hay un control militar muy estricto, no se puede pasar con cámaras ni con móviles (los de los puestos de alrededor te las guardan por unas rupias, son de confianza), debes de enseñar el pasaporte, y te someten aun cacheo muy muy estricto (vamos, que te tocan bien tocacdo a fondo), no es ninguna coña. Una vez pasado el control pudimos ver la cúpula del templo subiéndonos a un bordillo, pero vamos, que tampoco se ve nada del otro mundo.

Recogimos la cámara y los móviles y le compramos unos paquetes de té al hombre que nos los habia guardado en su tienda. Ya había anochecido practicamente y al pasar por una calleja nos dijeron que por una puerta ibamos hacia Manikarnika, el ghat de las cremaciones, pero preferimos no meternos porque ya era de noche y como estaba todo inundado no sabíamos si nos íbamos a encontrar de bruces con una cremación. Callejeamos un poco más y como volvió a empezar a llover decidimos volver ya para el hotel.

ETAPA 18: DELHI

Empezamos el día yendo a ver el complejo donde se encuentra el Qutub Minar, a 3 paradas de metro de nuestro hotel esta la estación de Qutub Minar y desde ahí cogimos un tuktuk que nos acercó a la entrada del complejo, por donde están diseminadas las ruinas de las primeras mezquitas erigidas en la India. No se conserva mucho en pie, aunque por lo poco que queda pudimos imaginarnos la maravilla que debió de ser ese lugar. Lo mejor es el propio Qutub Minar, el enorme minarete de ladrillo rojo y arenisca que se conserva de pie, con sus magníficas inscripciones grabadas. Poca sombra hay en el recinto así que nos achicharramos porque el sol pegaba de lo lindo.

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Cuando salimos cogimos el metro y fuimos a ver el parque donde fue incinerado Gandhi. El lugar no tiene mucho que ver, tan solo una sencilla plataforma de mármol negro con flores, pero merece la pena visitarlo por la gran carga simbólica del lugar. Había gente, pero todo el mundo guardaba un respetuoso silencio. Nos sacamos las fotos de rigor con las familias indias que querían fotos con nosotros y que nos lo pidieron amablemente y después teníamos intención de visitar el cercano museo de Gandhi, pero resulta que era lunes y estaba cerrado, así que no pudo ser. Nos dio rabia porque hubiera sido mejor ir ahí el día anterior en lugar del museo nacional.

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Nos bajamos un par de botellas de agua para nuestros deshidratados cuerpos y cogimos un tuk tuk que nos dejo en pleno Old Delhi , delante del fuerte rojo, que claro, como era lunes tampoco pudimos visitar por estar cerrado. De todas formas por fuera es impresionante, con la gran puerta de Lahore. Esa zona es un caos abarrotado de gente y puestos, y es una de las zonas de la India donde más nos agobiaron los vendedores y conductores de tuktuk. Fuimos andando desde ahí hasta la gran mezquita, mientras soportamos durante 15 minutos el acoso de un pesado conductor de ciclorickshaw que se empeñaba, gritándonos casi al oido, que fueramos con él, que era una mala zona, que había mala gente (supongo que lo decía porque eran musulmanes), nosotros que no gracias, y el tio insistiendo, hasta que ya nos harto un poco y le dijimos que nos dejara, que queríamos ir andando. Como el tio seguía sin entrar en razones, tuvimos que meternos por entre los puestos para librarnos de él.

Por fin llegamos a la gran mezquita, con sus enormes cúpulas, pero como era la hora del rezo tuvimos que esperar sentados en las escaleras junto a otros turistas occidentales. Lo que sucede es que nos encontramos de frente con algo que ya había leído, la mala educación de los musulmanes que controlan el acceso. Aunque llevaras algo para cubrirte las piernas o la cabeza, tenías que ponerte lo que te daban ellos y pretendían cobrarnos 350 rupias por cada cámara que llevaras, si llevas una y la del móvil eran 700 rupias. Nosotros le dijimos que no íbamos a sacar fotos y que no teníamos que pagar, pero nos dijeron de muy malos modos que no. con su mala educación se nos hincharon un poco las narices y le dijimos que entonces no íbamos a entrar y nos quitaron de muy malos modos las telas que nos habían colocado. Lo mismo paso con el resto de los turistas que estaban allí y la mayoría también decidieron no entrar, porque creíamos que era ya un abuso. Así que nos contentamos con rodearla y verla por fuera.

La zona nos estaba resultando ya un poco agobiante, ya que además era la hora de salida del colegio y todo se colapsó con un montón de tuk tuks que llevaban a 7 u 8 niños cada uno a sus casas. Por fin conseguimos un tuk tuk libre, que nos llevó a Conaught Place, allí comimos muy bien en un restaurante de comida tailandesa y japonesa donde ponían unos platos enormes y nos pusimos hasta arriba de langostinos en tempura.

Como una de las espinitas de nuestro viaje era no poder acercarnos a Amritsar nos acercamos a ver el principal templo sij de Delhi, construido a imitación del Templo Dorado de Amritsar. Sin duda el templo de Amritsar debe der ser impresionante y éste solo una copia pero aún así merece la pena acercarse porque es muy bonito. El recinto está impecable, límpisimo, tienen una consigna muy bien montada donde dejas tu calzado y cestas con pañuelos para que tanto hombres como mujeres se cubran la cabeza al entrar en el templo. El interior del templo es un continuo ir y venir de gente que entra para realizar sus ofrendas de flores y para rezar unos momentos. Lo que uno encuentra en en el centro, en el lugar de honor es el libro sagrado sij, custodiado por varios miembros de la comunidad que están sentados junto a él, mientras se van turnando grupos de músicos y cantores que le dan un ambiente muy especial al templo. Nosotros nos sentamos en una esquina y estuvimos un buen rato disfrutando de la tranquilidad del templo, de la música y viendo el ir y venir de sijs, todos con su turbante preceptivo y algunos con el puñal tradicional.

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Cuando salimos decidimos ir a ver el templo Lakshmi Narayar, un templo hindú moderno que parece ser el exponente de la arquitectura religiosa hindú moderno. El templo estaba a unos 20 minutos andando del templo sij, así que allá fuimos. Nos encontramos con un gran templo, construído por un rico industrial y que fue inaugurado por Gandhi, donde se aceptaba a todo el mundo, independientemente de la casta a la que pertenecieran. El templo recuerda más a una iglesia moderna, con sus capillas y altares que a un templo hindú, aunque con Vishnu y Krishna e vez de la virgen y Jesús. No se puede entrar con cámara de fotos, ni con zapatos, claro, el guardia de seguridad nos llevó a una sala donde había taquillas para poder dejarlos, junto a la tienda del templo, y cuando salimos lo recogimos. El guardia en voz baja nos dijo que teníamos que pagarla. No recuerdo cuanto pero era bastante, y nos dio mala espina que nos lo dijera además en voz baja para que nadie le oyera, vamos que nos pareció que quería sacarnos la pasta, así que le dimos algo, pero no tanto como pedía y el tío por supuesto no protestó.

Como ya anochecía nos fuimos para el hotel, cenamos algo allí y a dormir,que al día siguiente nos íbamos a Varanasi.

ETAPA 17: DELHI

A las 8: 30 de la mañana arrancamos para Delhi. Son 200 km y hay dos opciones: 4 horas por carretera india normal o 2 horas por la moderna autopista de peaje inaugurada hace poco. Le dijimos a Kamal que preferíamos ahorrar tiempo e ir por la autopista, pero que no se preocupara porque nosotros pagábamos el peaje, unas 600 rupias, que es carísimo para la India. Por eso la autopista estaba practicamente desierta, y es que es una autopista como cualquiera de las que nos podemos encontrar en Europa, pero inaccesible por su precio para la mayoría de los indios.

Llegamos a nuestro hotel en Delhí a eso de las 11 y nos despedimos de Kamal con mucha pena. Había sido un estupendo compañero de viaje y lo habíamos pasado muy bien.

Nuestro hotel,, el Astan Sarovar Portico, un hotelito pequeño pero moderno y como un 4 estrellas español por dentro, no estaba muy cerca del centro pero teníamos la ventaja de que delante de su puerta había una entrada del metro, que nos dejaba en el centro a unas pocas paradas.

Os explico como funciona el metro de Delhi:hay que comprar una ficha que pasas por el lector del torno cuando entras y que echas en una ranura del torno cuando sales. Cuando compras la ficha tienes que decir a que estación vas, porque el precio varía en función del destino. De todas formas el metro es baratísimo y muy moderno, y una de las mejores opciones para desplazarse por la ciudad.

Resulta que cuando salimos en el centro nos encontramos con que estaba cayendo el auténtico diluvio universal. Ahí teníamos el monzón que no habíamos visto por ningún lado todavía. Estuvimos con otra gente esperando a que dejara de llover durante más de media hora pero no había forma y caía de lo lindo. Así que decidimos cambiar de planes y con la que estaba cayendo decidimos meternos en el museo nacional a ver si paraba de llover. Como en una de estas se acercó un tuk tuk, conseguimos esquivas toda el agua que inundaba la calle y llegamos al museo. Pero fue un gran error, el museo es decepcionante, se trata de un museo desangelado, pobremente iluminado, con salas que olían a orín y bastante destartaladas, sin letreros en muchas piezas… en fin, que salimos de allí pitando, aprovechando que había dejado de llover. Pasamos por delante de la puerta de la India y por las avenidas arboladas pobladas de unos monos de tamaño considerables que se paseaban por la acera, lo que hizo que cambiáramos prudentemente de acera.

Cogimos un tuktuk y fuimos a la zona de Conaught Place, la gran plaza circular que es una de las principales zonas comerciales de Delhi. Como ya era tarde allí comimos unos trozos de pizza en un pequeño local y estuvimos viendo la zona: allí se encuentran las tiendas de firmas como Adidas Lacoste y otras firmas internacionales, pero también puestecillos callejeros que venden cojines, pañuelos, pulseras y de todo, con lo que es un buen lugar para comprar cosillas y regalos.

Decidimos aprovechar lo que nos quedaba de tarde yendo a visitar la tumba de Humayun, un gran mausoleo mogol, antecesor del Taj Mahal. Se encuentra en un bonito parque, junto con la tumba del barbero del emperador y alguna más que también están en el recinto. Aquí si había bastante gente viendo el monumento, que resulta muy bonito con su combinación de mármol blanco y arenisca roja. La tumba del barbero, octogonal, está un poco más abandonada aunque conserva parte de su antiguo esplendor. Como empezaba a anochecer nos tomamos algo y nos fuimos para el hotel, que al día siguiente íbamos a visitar todo lo que nos quedaba de Delhi.

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ETAPA 16: AGRA

Tras pegarnos un buen madrugón, nos preparamos para ver el Taj Mahal. Nos comimos unas manzanas que habiamos comprado porque el desayuno aún no se había abierto en el hotel, así que desayunaríamos a la vuelta.

A los 5 minutos llegamos al lugar donde se sacan las entradas. Son las más caras de la India: 750 rupias, pero merece la pena. Te dan una botella de agua y unas fundas de plástico que te debes de poner en los pies cuando llegas a la plataforma de mármol del Taj Mahal. Desde las taquillas salen pequeños cochecillos gratuitos de 6 plazas (no hagáis caso de los ofrecimientos de los ciclorikshaw, no merece la pena) que te llevan más hasta un punto desde el que ya sigues andando unos minutos hasta que llegas a la entrada del recinto del Taj propiamente dicho. A partir de aquí no se que deciros que no hayáis leído en algún lugar o visto en la tele. Solo que el Taj es tal como os lo habiais imaginado, no os decepcionará para nada: es enorme, grandioso y muy hermoso. Nosotros tuvimos la suerte de que estaba un día de sol precioso, eso sí eran las 6:30 de la mañana y ya había 25 grados y un bochornazo tremendo. La primera imagen del Taj a través del arco de la entrada ya es una pasada, y luego estuvimos sacando fotos sacando el Taj con sus jardínes y la famosa foto en que sale reflejado en el agua del estanque, aunque para eso tuvimos que pelear duramente con las hordas de turistas que iban llegando y con algún fotógrafo indio que tenía monopolizado el sitio para sacar sus fotos de pago a los turistas.

Taj Mahal, Agra
Taj Mahal, Agra

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Taj Mahal, Agra
Taj Mahal, Agra
Taj Mahal, Agra
Taj Mahal, Agra
Taj Mahal, Agra
Taj Mahal, Agra
Taj Mahal, Agra
Taj Mahal, Agra
Taj Mahal, Agra
Taj Mahal, Agra
Taj Mahal, Agra
Taj Mahal, Agra

Mientras estábamos allí aparecieron una pareja de béticos que despegaron una bandera del centenario del Betis para sacarse una foto con el Taj de fondo, pero llegó el policía de turno y les quitó la bandera y les obligó a borrar la foto delante suya. Aunque le dijimos que era un equipo de futbol el policía que nada de nada y que no se permiten fotos de ningún tipo en el Taj Mahal con ninguna bandera. Menos mal que nosotros les habíamos sacado una también y él no lo vio, así que se lo dijimos a los béticos y luego se la mandamos por correo electrónico. Resulta que están haciendo una serie de fotos de “béticos por el mundo” y allí donde van se llevan su bandera. Luego los hemos visto por internet en Japón, Egipto… y siempre con su bandera del Betis, unos cachondos los tios.

Estuvimos casi tres horas en el recinto del Taj Mahl, no sé ni cuantas fotos sacamos pero no te cansas deadmirarlo. Sin duda es el monumento más hermoso e impresionante que hemos visto nunca. En el interior está estrictamente prohibido sacar fotos y hacen que vayas circulando para que no se apelotone la gente. Los medio guardias, medio guías, tienen pequeñas linternitas con las que apuntan a las piedras incrustadas en el mármol que brillan en la oscuridad al ser alumbradas.

Por la parte de atrás hay unas bonitas vistas del río Yamuna, aunque también puedes ver como el recinto por el lado del río está vallado y alambrado para prevenir posibles ataques terroristas, aunque eso a los monos no parece importarles, porque había unos cuantos pululando por ahi.

A eso de las 9:30 y con gran pena salimos del recinto y nos fuimos a desayunar al hotel, que estábamos muertos de hambre.

Una vez repuestos nos fuimos a ver el fuerte de Agra, una recinto enorme de color rojo, que es al mismo tiempo fortaleza y palacio y el lugar donde el Sha Jahan pasó sus últimos años encerrado por su hijo, contemplando el Taj Mahal. Es un recinto enorme, así que comprad agua antes de entrar porque dentro no hay donde hacerlo. Nosotros no lo hicimos y casi nos da algo con el calor que hacía. El fuerte tienen unas bonitas vistas del Taj y el río Yamuna, además de bonitos patios y recintos construidos para el disfrute de la corte.

Fuerte de Agra
Fuerte de Agra
Fuerte de Agra
Fuerte de Agra
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Fuerte de Agra

Cuando salimos de visitarlo nos fuimos a comer a un sitio cercano, y ya por la tarde visitamos la tumba de Itimad, también conocida como el Baby Taj, construida como él, toda de mármol y a la orilla del río, aunque de menor tamaño y menos detalles ornamentales. De todas formas es preciosa y además había muy poquita gente viéndola, con lo que pudimos sacar fotos a nuestras anchas.

Tumba de Itimad, Agra
Tumba de Itimad, Agra
Tumba de Itimad, Agra
Tumba de Itimad, Agra

Luego Kamal nos llevó al otro lado del río para que pudieramos sacar fotos del Taj desde ese lado. Existen unos jardines de pago desde donde también se pueden sacar fotos, pero si no entras en ellos y sigues el camino que va hasta el río puedes sacar unas fotos chulísimas y totalmente solos del Taj al otro lado del río. Dicen que el Yamuna está muy contaminado aunque a mí no me lo pareció, aunque supongo que solo es eso, apariencia, pero las fotos quedan muy bonitas, la verdad.

Taj Mahal, Agra
Taj Mahal, Agra

Como aún nos quedaba algo de tarde le dijimos a Kamal que nos acercará hasta la mezquita de Agra. Él no la conocía, porque parece que los hindúes no sienten mucho aprecio por los monumentos musulmanes y no sabía muy bien por donde quedaba, pero tras preguntar un par de veces dimos con ella en el casco antiguo de Agra, en la zona del mercado. Agra es una ciudad con el 50% de su población musulmana, pero su gran mezquita está un poco hecha polvo. Cuando entramos en el recinto un hombrecillo nos dio unas prendas para cubrirnos las piernas, aunque como ya os he dicho las mezquitas no son cerradas, sino que son abiertas, siendo los lugares de oración el gran patio al aire libre. El hombre nos fue explicando un poco su historia, mientras nos quemábamos las plantas de los pies en el suelo abrasado por el sol. La mezquita está hecha polvo y necesita una buena restauración, aunque el hombre nos dijo que el gobierno solo se preocupa de los monumentos hindúes y que no cuidan los musulmanes. Le dimos un “donativo” de 200 rupias para la mezquita y de ahí nos fuimos a una tienda de mármol, de las que abundan en la ciudad, porque queríamos comprarnos alguna cosilla de recuerdo. Finalmente nos compramos un elefantito bastante pesado de mármol con piedras incrustadas con la técnica del Taj Mahal. Como ya eran casi las 7 decidimos volver al hotel, disfrutamos un poco de su piscina, totalmente vacía, y nos refrescamos. Para cenar habíamos quedado con Kamal. Al día siguiente llegábamos a Delhi y nos despedíamos de él, así que íbamos a cenar juntos porque queríamos invitarlo como agradecimiento por su simpatía. Fuímos a un restaurante que conocía él y pasamos una cena muy agradable, aunque para él un poco insípida porque en atención a nosotros había pedido que nos pusieran platos con pocas especias, el pobre no disfrutó mucho de la cocina.

ETAPA 15: FATEHPUR SIKRI Y AGRA

Hoy camino de Agra íbamos a visitar Chand Baori y Fatehpur Sikri. Unas dos horas después de salir de Jaipur, tras dejar el Rajasthan llegamos al Chand Baori, uno de los monumentales pozos construidos en la zona. Son impresionantes porque tienen la altura de un edificio de 3 pisos pero hacia abajo y completamente tallados y esculpidos. Es totalmente gratis y merece mucho la pena visitarlo.

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Paramos para comer en un restaurante no muy lejos de Fatehpur Sikri, aunque la comida no era gran cosa y era un poco caro para lo que es la India. Se nota que ya estábamos en zona bastante turística. A la media hora llegamos a la abandonada ciudad mogol, residencia del emperador y su corte. Un precioso complejo construido con mármol y arenisca roja. Para llegar al complejo, donde te dejan los coches hay que coger unos pequeños minibuses que te trasladan hasta la entrada, cuestan 5 rupias, así que no cojais ningún tuktuk que se ofrecen a llevarte, no merece la pena.

Fathepur Sikri impresiona por su belleza y por su buen estado de conservación. Parece que la gente acaba de abandonar los edificios y que volverán en cualquier momento. Hacía bastante calor y el sol machacaba bastante, así que es recomendable comprar agua antes de entrar porque dentro no hay donde comprarla. Después de admirar los edificios, fuimos a ver la gran mezquita, uno de los principales monumentos del lugar. Debéis saber que las mezquitas de la zona no son recintos cerrados bajo techo, sino grandes patios, con puertas monumentales y un gran arco con bóveda en la zona donde está el mihrab. Se parece bastante, si las habéis visto en foto, a las grandes mezquitas de Irán, como la de Ispahan. En esa gran plaza hay que tener especial cuidado con un montón de chavalillos que pululan por ahí y que no le quitan el ojo a tu mochila o a tu bolso. Alguno intenta darte conversación para ver si te distraes y así otro puede meter la mano y llevarse algo. Nos avisó alguno de los hombres que está en la entrada de la plaza y que te da una tela para que te cubras las piernas. Los niños son bastante insistentes y se ve que ya están de vuelta de todo, así que no te dejan en paz.

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Tras salir del recinto nos compramos más agua que estábamos asfixiados y seguimos ya hasta Agra. Nuestro hotel estaba muy bien situado, a menos de 5 minutos en coche del Taj Mahal, con un pizza hut en frente y varios sitios más para comer. El hotel era estupendo, así que quedamos con Kamal a las 6 de la mañana del día siguiente para ir al Taj, nos dimos una buena ducha y nos fuimos a cenar al Pizza Hut. Tan solo había que cruzar la calle y andar 20 metros, pero tuvimos que aguantar a un pesado conductor de tuktuk que no paró de decirnos que nos llevaba a donde quisieramos continuamente. Nos tomamos una pizza riquísima y vimos como en las mesas en vez del clásico salero hay un bote enorme lleno de guindilla desmenuzada para espolvorear sobre las pizzas. Y no veáis como le dan, las llenan de guindilla.