ETAPA 19: VARANASI

Varanasi era uno de los sitios que más ganas teníamos de visitar y por fin había llegado el momento. Nuestro vuelo salía a las 12:15 del aeropuerto de Delhi, así que cogimos el transporte que ofrecía el hotel para ir hasta el aeropuerto, facturamos sin problemas y a las 14:30 llegamos a Varanasi. Cuando aterrizábamos ya vimos que estaba bastante oscuro y muchos campos inundados. Parece que aquí sí que estaba el monzón que apenas habíamos visto hasta ese momento. Cogimos un taxi de prepago para ir hasta el hotel y se montó también con nosotros un guía a la caza de turistas que durante el trayecto hasta el hotel, casi media hora, intentó vendernos mil y una excursiones. Nosotros le dijimos que no, gracias, pero el tío siguió insistiendo, y lo que sí acordamos es que nos recogieran el día que nos íbamos para llevarnos al aeropuerto, porque nos cobraba lo mismo que a la ida y supusimos que si lo contratábamos en el hotel nos saldría bastante más caro.

Nosotros optamos por quedarnos en uno de los hoteles modernos de Varanasi y no en medio del meollo ruidoso del centro de la ciudad. El hotel, el Ramada Plaza, era un estupendo hotel de 4 estrellas que nos encantó, y aunque no está centrico tiene un pequeño centro comercial al lado, con un McDonald´s y un Pizza Hut, que eran la salvación para nuestros castigados estómagos. Tras ir al hotel comimos en el McDonald´s y cogimos un tuktuk para que nos llevara hasta el centro de Varanasi. Por el camino ya vimos la locura de ciudad en la que estábamos, la más caótica y bulliciosa de toda la India, que ya es decir. Primero fuimos en dirección opuesta al centro, hasta el puente que cruza el Ganges, desde donde nos habían dicho que se ve una gran vista del río: lo que nos encontramos allí fue una barbaridad de gente, de coches y de motos sobre el río porque iba crecidísimo debido a las lluvias del monzón y era un espectáculo para todo el mundo.

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Después de sacar unas fotos y de ser el centro de atención del puente fuimos en tuktuk hasta el centro porque queríamos ver los ghats y ya no quedaba mucha luz. Fuimos hasta Dasashvamedha Ghat el principal ghat de Varanasi, pero ¿qué fue lo que nos encontramos? Con las lluvias del monzón y con lo crecido que bajaba el río todos los ghats de la ciudad estaban inundados y totalmente bajo el agua, de hecho, el río llegaba hasta el principio de la calle y todas las escaleras del enorme ghat estaban sumergidas y ni se intuían. Parece ser que el nivel del río había subido unos 10 metros, así que nos encontramos con que estábamos en Varanasi y no íbamos a poder ver ni un miserable ghat debido a la tremenda crecida del río.

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Vimos como algunas personas se metían en el agua al comienzo de la calle delante de todo el mundo que se apelotonaba hasta el mismo lugar en el que llegaba el agua y decidimos meternos a callejear un poco por las estrechas callejuelas. Sorteamos a duras penas unas tremendas charcas que casi impedían meterse por las calles y empezamos a caminar por las callejuelas de Varanasi que conducen a los diferentes ghats. Conseguimos llegar hasta la entrada al famoso templo Vishwanath, con su cúpula de oro, destruído parcialmente por el emperador mogol Aurangzeb y que construyó en ese lugar una mezquita. Como esto ha hecho que el lugar fuera escenario de enfrentamientos entre hindúes y musulmanes en diversas épocas (la última vez hace unos años), las calles aledañas están literalmente tomadas por policías y militares con su equipo de antidisturbios, que se pasan el día sentados por la zona controlando que la vida siga tranquilamente. Al templo solo pueden acceder los hindúes, pero puedes llegar hasta la puerta y desde el exterior ver como asoma sobre los tejados la famosa cúpula de oro del templo. Para eso tienes que entrar en una calle en cuyo inicio hay un control militar muy estricto, no se puede pasar con cámaras ni con móviles (los de los puestos de alrededor te las guardan por unas rupias, son de confianza), debes de enseñar el pasaporte, y te someten aun cacheo muy muy estricto (vamos, que te tocan bien tocacdo a fondo), no es ninguna coña. Una vez pasado el control pudimos ver la cúpula del templo subiéndonos a un bordillo, pero vamos, que tampoco se ve nada del otro mundo.

Recogimos la cámara y los móviles y le compramos unos paquetes de té al hombre que nos los habia guardado en su tienda. Ya había anochecido practicamente y al pasar por una calleja nos dijeron que por una puerta ibamos hacia Manikarnika, el ghat de las cremaciones, pero preferimos no meternos porque ya era de noche y como estaba todo inundado no sabíamos si nos íbamos a encontrar de bruces con una cremación. Callejeamos un poco más y como volvió a empezar a llover decidimos volver ya para el hotel.

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