¿Por qué a la gente le apasiona tanto la India?

Cuando uno busca información y lee comentarios de gente que ha estado en la India hay una frase que se repite bastante: “A la India la amas o la odias”. Lo cierto es que casi todo el mundo la ama, y eso hace que nos preguntemos ¿Qué tiene la India que hace que la gente se apasione con ella? ¿Por qué tiene esa aureola de misticismo y de exotismo? Vayamos por partes, lo primero que siente uno cuando llega a la India es un impacto como si le hubiesen arrojado un cubo de agua, solo que no hay agua en el cubo, hay colores, olores, ruídos… una borrachera que te golpea en todos los sentidos y que hace que uno se pregunte ¿pero dónde estoy?

 El choque cultural es innegable, pero los colores es lo primero que uno siente: saris rojos, amarillos, verdes, azules, dorados, que demuestran la alegría de vivir que sienten los indios, templos multicolores, que hacen que pensemos que estamos en el país de los mil colores. Será muy raro que viajemos a la India y no acabemos comprando un sari si eres una mujer o una Kurta si eres un hombre, porque lo que uno acaba deseando es zambullirse en ese mundo de brillantes colores.

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La espiritualidad es otro de los puntos que siempre menciona la gente sobre la India y desde luego es el tópico más tópico que conozco, aunque con ciertos matices: es cierto que la India es un país muy religioso, y que los múltiples dioses hindúes están muy presentes en la vida diaria pero también es cierto que uno se maravilla de como conviven muchas veces sin problemas con la India moderna y con el día a día de la gente de la India. Es cierto que hay lugares como Varanasi (Benarés) que parecen estar impregnadas de religiosidad, aunque quizás sería más exacto decir de la muerte y de renacimiento, pero pocos países hay en el mundo en que haya tanta gente que decide abandonarlo todo y llevar una vida de recogimiento, con el desapego de las cosas mundanas, y llevar una vida sencilla sin lujos de ningun tipo.

En la India también te asaltan mil olores: de comida, de animales, de las ofrendas, de hogueras y también, porque no decirlo, de la basura en muchos lugares. Nosotros que vivimos en un mundo aséptico, donde todo se recoge, donde todo cumple con unas escrupulosas normas de higiene y de limpieza, asistimos a una vuelta a los orígenes, a una curiosa mezcla, al resultado de un batido de costumbres medievales, de modernidad y cocinas y gentes de diversos lugares, mientras nuestra vista y nuestra nariz no dan a basto para asimilar todo lo que estamos viendo.

Si a todo esto le unimos un patrimonio natural y monumental con el que dificilmente puede competir ningún país nos encontramos con uno de los países más extraordinarios del mundo, donde se encuentra el Taj Mahal, la tumba de Humayum, los grandes templos de Tamil Nadu, las ruinas de Hampi, los fantásticos fuertes-palacio de Jaipur, Jodhpur y Jaisalmer, los desiertos inmensos, las junglas impenetrables, las altas montañas del Himalaya y los ríos interminables.

Todo esto está muy bien, y por solo cada uno de estos aspectos ya merecería viajar a la India, pero hay un factor que hace que nos enamoremos definitivamente de la India: su gente. Viajar por la India es un placer porque te permite conocer a gente maravillosa, con una sonrisa en la cara, a la que le encanta hablar contigo, saber de donde eres, cómo es tu vida y que te invita a comer con ellos y te ofrece lo poco que tiene. La gente es el gran patrimonio de la India, una riada de humanidad que inunda sus ciudades y las convierte en corazones palpitantes llenos de vida donde se duerme, se compra, se vende, se come, se trabaja y, en definitiva, se vive y se muere. En pocos lugares del mundo se siente el latir de la vida tan intensamente como en las ciudades indias, y entre ellas, sin duda, Benarés es la que se lleva la palma. Una mezcolanza de niños, ancianos, vacas, búfalos, perros, cicilistas, tuk tuks y vendedores que nunca descansa y que hacen que te sientas más vivo que nunca. Claro que existe la pobreza, la miseria y el sufrimiento, no se puede negar, pero si algo transmite el indio es dignidad, la dignidad de las niños acicalándose a las puertas de sus chozas o chabolas y yendo al colegio con sus impolutos uniformes, la dignidad de las mujeres con sus alaegres saris y sus flores en el pelo y de los hombres con su ropa planchada y sin ninguna arruga.

Si algo acepta uno cuando está en la India es que el mundo y la vida es diversa y que dentro de esa diversidad existen muchas cosas, algunas buenas y otras malas, que ya no existen en nuestro mundo porque las hemos desterrado hace mucho tiempo, pero que hacen que vivamos más intensamente.

¿la India la amas o la odias? Puede ser, aunque me parece imposible que alguien no pueda amarla y que tras visitarla no se quede allí una parte de tu corazón y que al regresar no estés deseando volver pronto.

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