DÍA 2: GYEONGJU, MUCHO QUE VER

El plan de hoy era visitar por este orden los túmulos reales, coger un bus y ver el templo Bulguksa y la gruta Seokguram para luego volver a Gyeongju y ver el estanque Anapji, el observatorio Cheomseongdae y el museo de Gyenongju.

A las 8:30 estábamos en la calle buscando donde desayunar, y nos encontramos con que estaba todo cerrado ¿y el mito de la laborosidad coreana?, tardamos en dar con un pequeño café donde meternos algo en el cuerpo para ser personas y nos dirigimos al cercano Parque Daereungwon, donde se encuentran 23 túmulos de gran tamaño, son las antiguas tumbas de los reyes del antiguo reino de Silla y son verdaderamente espectaculares porque son minicolinas verdes que brotan del suelo, creando un paisaje muy bonito.

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El recinto del parque abre a las 9 de la mañana y la entrada cuesta 1500 wones (1,20 €), la única tumba visitable de Daereungwon es el túmulo del Caballo Blanco Volador, conocido así por la pintura del animal mitológico que se encontró en el interior y que ahora se encuentra en el museo de Gyeongju junto con los miles de objetos que se encontraron en las tumbas. La tumba no tiene gran cosa aunque hay una reconstrucción del enterramiento y de los objetos que se encontraron en ella.

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Después de visitar el parque nos acercamos a la estación de autobuses y en la acera de enfrente a ella cogimos el bus número 10 que nos llevaría al templo Bulguksa que se encuentra a unos 40 km de la ciudad. También os puede valer el 11, el 101 y el 102 y no tenéis pérdida porque el conductor os avisará. El precio del trayecto es de unos 1600 wones y el bus te deja en una explanada, junto la oficina de información turística, allí te dan un papel con los horarios del bus nº 12, que una vez cada hora va hasta la gruta Seokguram, para que así no se te pase la hora para cogerlo.

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Para llegar al templo subimos una cuesta empinadilla donde vemos que ya hay puestos de souvenirs hasta llegar a la entrada del recinto, donde hay varios autobuses que han traído a grupos de turistas coreanos y chinos.

La entrada al tempo cuesta 4000 Wones. El templo, que se construyó inicialmente en el año 528, tiene una estructura de terrazas. La primera es la más conocida y sirve de acceso al Templo.

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A partir de ahí accedemos al Patio del Pabellón Daeungjeon, que cuenta con dos pagodas de piedra: la Pagoda Seokgatap a la derecha y la Pagoda Dabotap a la izquierda. Seokgatap, es la más simple y simboliza la masculinidad, mientras que Dabotap, más ornamentada, representa la feminidad y la complejidad (Real como la vida misma, vamos).

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Uno de los elementos más atractivos del templo es la profusa decoración pictórica en sus paredes y techumbres que nos recordó bastante a lo que habíamos visto en la Ciudad Prohibida de Pekín.

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Mientras recorrimos el templo pudimos ver diferentes pabellones con diversos Budas y gozar de la tranquilidad del lugar.

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Como ya no quedaba mucho para la hora en que pasaba el autobus nº 12 para ir a Seokguram bajamos hasta la parada y aún nos dió tiempo a tomarnos un café en uno de los establecimientos de enfrente, donde hay una especie de área con restaurantes y tiendas para los turistas que visitan el templo.

El bus nº 12 es muy puntual puesto que solo hace la ruta de unos 15 minutos entre Bulguka y Seokguram, con lo cual no se retrasa. El recorrido es de 15 minutos y de curva tras curva cerradísima mientras asciende por el monte. El precio es de unos 1700 wones y en una hora nos dio tiempo perfectamente a ver Seokguram y regresar en el mismo bus a Bulguksa. ¿Qué es lo que hay en Seokguram? Uno de los monumentos patrimonio de la humanidad con que cuenta Corea: Un maravilloso Buda de unos 3 metros de alto esculpido junto con sus discípulos en una cueva, y que solo se puede contemplar a través de un cristal, pero que merece sin duda la pena puesto que es una de las cumbres del arte budista, y por su gran belleza. La entrada cuesta 4000 wones y se paga en la oficina que está en la explanada donde te deja el bus. Luego tienes que andar unos 10 minutos por un sendero de tierra entre árboles hasta que llegas a un pequeño pabellón construido para proteger la entrada a la cueva.

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Una vez entras estás en una antecámara de la que sale un pasillo decorado con figuras en relieve que da paso a la cámara principal circular y techo abovedado en cuyo centro se encuentra sentado el Buda de 3 metros y medio de altura. Es una figura hermosísima que transmite una gran serenidad. Nosotros nos quedamos embobados mirándola y la pena es que no se puedan sacar fotos. Esta que os ponemos aquí es de internet.

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Volvimos para coger en bus nº 12 que nos dejó en Bulguksa y a los 5 minutos cogimos el bus de la línea 10 para volver a Gyeongju. Como ya nos habíamos fijado al ir que saliendo de Gyeongju paraba junto al museo de la ciudad nos bajamos allí y aprovechamos para comer algo en el Seven Eleven que está dentro del recinto del museo en un pequeño edificio aparte. No quedaba mucha comida preparada pero nos cogimos unas bandejas que pudimos calentar en el microondas que tienen y así comimos algo allí y ahorramos tiempo.

El museo es gratuito y es muy interesante su recorrido por la historia del reino de Silla y la estrella de su colección es la gran cantidad de objetos que se encontraron en los túmulos reales, incluidas las espectaculares coronas reales de oro. En una hora y media vimos el museo y siguiendo las indicaciones de un plano turístico que teníamos volvimos caminando hacia la ciudad mientras visitábamos el Estanque Anapji, lo único que queda del palacio Banwolseong, donde gobernaban los reyes de Silla, un estanque artificial con pequeñas isletas y tres edificios de madera. Luego pasamos por una zona enorme llena de lotos tan altos como una persona y por la que te puedes meter puesto que hay caminillos entre ellos. A nosotros nos encantó porque es verdaderamente espectacular andar entre esas plantas que estan floreciendo. Realmente se trata de grandes estanques creados por el hombre con caminillos entre ellos, aunque parece un gran lago lleno de plantas de alrededor de metro ochenta de altura.

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Por último, en medio del parque visitamos el observatorio Cheomseongdae, que significa “Torre para observar las estrellas”, y que fue construido en el siglo VII para contemplar las estrellas. A esa hora empezaba a ponerse el sol y el parque estaba abarrotado de parejas de novios haciéndose fotos y de chicas con el traje coreano tradicional que también se sacaban fotos.

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Seguimos bordando ya el parque de los túmulos que habìamos visitado esa mañana y ya anocheciendo llegamos a la zona de nuestro hotel reventados por el día que llevábamos.

Nos fuimos a cenar a la calle de al lado y esta vez optamos por un self service con la típica barbacoa coreana: cada mesa tiene su plancha para que tú te vayas haciendo la carne, el pescado o los pulpitos (les encantan) que elijas. Nos pusimos las botas aunque no tanto como los muchos coreanos que llenaron el local después de llegar nosotros, y es que hay que que saque tienen estos tios.

Con la barriga llena nos fuimos a dormir y a preparar las cosas para irnos al día siguiente a Seul.

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