DÍA 3: HACIA SEÚL

Después de la paliza del día anterior decidimos no madrugar mucho y tras desayunar cerca de la estación compramos los billetes para el bus que salía para Seul a las 11:30 (hay uno cada hora). El trayecto dura unas 4 horas y nos costó unos 12 euros a cada uno.

El autobus como la vez anterior era comodísimo e hizo una parada de unos 20 minutos en un área de servicio concurridísima llena de restaurantes y puestos de comida donde nos tomamos unos pinchos y compramos algo de fruta para el camino.

El trayecto, todo por autopista, nos permitió observar lo verde y montañoso que es Corea y resultó muy comodo. El bus nos dejó en una estación un poco cutrecilla pero que tenía una parada de metro al lado, con lo que nos permitió desplazarnos hasta la céntrica parada de Jonggak para ir a nuestro hotel, el Sunbee, un hotel estupendo y que quedaba muy cerca de los principales monumentos de Seul y en plena zona comercial, junto al edificio más alto de la ciudad, la Jongno Tower. El trayecto por las estaciones de metro nos permitió ver las mascaras antigas dispuestas en diversas zonas por si sufren el ataque del amigo Kim de Corea del Norte.

Muy cerca de nuestro hotel se encontraba el Bosin-gak o Pabellón de la Gran Campana que se tañe para celebrar la llegada del año nuevo.

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Es una copia de la original del siglo XV y el lugar donde los coreanos celebran la llegada del año nuevo. Justo enfrente está la Jongno Tower, una torre de 33 pisos que cuenta conun bar-restaurante en la azotea.

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Después de sacarle unas fotos buscamos el barrio de Jongno en la zona detrás de la campana, un barrio lleno de restaurantes y locales para comer de todo tipo y muy concurrida por las noches: coreanos, japoneses, italianos, tailandeses, mejicanos, de todo hay en esta zona llena de carteles luminosos que anuncian comida y más comida. Al atravesar el barrio salimos al arroyo Cheonggye, primero cubierto por una autopista y que luego se volvió a dejar al aire, creándose un bonito paseo, de puentes, que simula un río en plena naturaleza, un ooasis en medio de los rascacielos de oficinas, y que está lleno de coreanos paseando, haciendo ejercicio o tan solo mojando los pies en el rio.

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Volvimos hacia una de las avenidad principales y nos dedicamos a pasear sin más. Una de las cosas que más nos llamó la atención es la enorme cantidad de tiendas de productos de estética que hay, frecuentadas por chicas y chicos, y es que parece que entre la gente joven hay una gran obsesión por la imagen (No sé que será de ellos cuando cumplan años).

Como ya era hora de cenar volvimos hasta Jongno y cenamos en Panasia, un bonito restaurante con platos de diversos lugares de Asia, nos tomamos un pad thai riquísimo (nos enamoramos de este plato en Tailandia, como todo el mundo) y muy barato y nos volvimos ya para el hotel.

Al día siguiente empezaríamos a visitar los palacios reales de Seul.

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