DÍA 4:VISITANDO SEÚL

Lo primero que queríamos visitar hoy era visitar uno de los palacios más importantes de Seul, el Changdeokgung, Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, que en castellano significa “Palacio Ilustre de la Virtud”, y que estaba a unos 20 minutos de nuestro hotel.

Tras desayunar en un café cercano a nuestro hotel nos dirigimos hacia él pero por el camino nos encontramos con el santuario real Jongmyo y decidimos visitarlo.

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La entrada nos costó 1000 wons y solo se puede visitar en una visita guiada, así que nos unimos a una en inglés que estaba a punto de comenzar. Eramos un grupo de 7 personas y ahí empezamos un curiosa visita que luego se repetiría más tarde: mientras íbamos con la guía visitando el recinto del templo un no muy discreto empleado avanzaba unos metros detrás de nosotros como si fuese un coche escoba para que nadie de nuestro “numeroso grupo” se quedara rezagado. La visita la verdad es que no mereció mucho la pena, pese al esfuerzo de nuestra guía, puesto que fuimos visitando una sucesión de pabellones cerrados a cal y canto, con lo que tampoco entendimos muy bien tanta preocupación porque fueramos agrupados, ni que fueramos a quemar el recinto.

Después de salir y ver como nuestro “coche escoba” se preparaba para marcar a un grupo de japoneses que iniciaba la visita, tuvimos que bordear el recinto del santuario por el exterior para llegar al palacio de Changdeokgung. Como las calles están en obras tuvimos que dar un poco más de rodeo, con parada para un café, hasta que llegamos a las taquillas del palacio. Changdeogund abre todos los días menos los lunes, ojo, y aunque el palacio se puede visitar por tu cuenta, si quieres visitar el Jardín Secreto (la zona de retiro y descanso de la realeza) hay que comprar una entrada aparte y solo se puede visitar en una visita guiada.

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Las visitas al jardín en inglés son a las 11:30, 13:30 y 15:30 y aunque a otras horas hay vistas en chino, coreano o japonés no te dejan unirte a ellas, así que más te vale sincronizar tu visita con estas horas. Nosotros llegamos a las 12:00, así que optamos por ir a comer y así aprovechar el tiempo para luego visitar el Jardín y el resto del palacio. Sacamos una entrada conjunta por 10.000 wons para los 4 palacios de Seul, el jardín secreto y el santuario que acabábamos visitar, puesto que visitar Chandeokgung y el jardín ppor separado ya nos costaba más, así que nos compensaba aunque no hiciesemos todas las visitas. Comimos en una zona cercana, siguiendo a los oficinistas que salían en masa para comer y mal comimos a base de platitos de Kinchi superpicante, pescadito, trozos de casquería ultrapicante, una verdura desconocida picante como el demonio y una especie de torta de harina con calamares que fue lo que nos salvó un poco la comida. Desde luego, a pesar de que nos gusta el picante no nos acababan de convencer los platos típicos coreanos.

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A las 13:30 iniciamos la visita en inglés al jardín secreto un grupo de unas 80 personas, todas extranjeras, acompañados de un guía y del correspondiente “coche escoba”, no sea que nos dispersaramos cual plaga de langostas por el lugar. La visita duró unos 80 minutos, demasiado tiempo a nuestro parecer. A nosotros el jardín secreto, del que habíamos leído maravillas, nos decepcionó un poco. No sé si era porque veníamos de ver los fantásticos jardines japoneses o porque el ir en grupo como borregos no nos motivaba (sí, no nos gustan los viajes organizados en grupo y no entendemos que nos hagan ir así) pero no nos pareció maravilloso, bonito sí, los estanques, los lotos, algún pabellón, pero bueno, reconozco que lo podíamos haber visto mejor solos en 30 minutos que en manada en 80 minutos.

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La cosa es que realmente es un gran parque y tampoco tiene sentido esa forma de visitarlo para tener controlada a la gente, cuando con un par de vigilantes en alguna zona no habría problema. Tras esos 80 larguísimos minutos nos llevaron hasta la entrada del palacio y ahí ya pudimos visitar el resto del recinto por nuestra cuenta. El palacio en sí es bonito. Fue contruido en 1405 durante el Reinado de Taejo, el primer rey de la dinastía Joseon, y tras ser quemado por los japoneses se reconstruyó en 1609. El palacio sigue un poco el esquema de la ciudad prohibida de puertas monumentales, patios y pabellones hasta llegar a la Sala del Trono, donde los reyes recibían a los embajadores de otros países. Alrededor de esta sala están los pabellones coloridamente decorados donde estaban los funcionarios y los aposentos reales donde dormía la familia real. La arquitectura es muy parecida a la china, sobre todo en cuanto a decoración y colores.

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Al salir del palacio decidimos coger el metro y acercarnos a Namdaemun, la puerta monumental del sur de la ciudad.

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Fuimos hasta la parada de Seul Station y salimos por la salida que indicaba la puerta. Esta puerta ardió en 2008 cuando un loco le prendió fuego y lo que se puede ver hoy es una fiel reconstrucción del original. Nos llamó la atención la cantidad de vagabundos tirados por el suelo y en muy malas condiciones que había por la zona, en una imagen que no habíamos visto en Japón y que la mayoría de la gente ignoraba sin más. Tras sacar unas fotos, fuimos hacia la zona derecha de la puerta y entramos en el Namdaemun Market, un enorme mercadillo al aire libre concurridisimo y donde puedes encontrar de todo: comida, hierbas, ropa, bolsos, juguetes… Es una zona animadísima en la que según avanza la tarde cada vez se van poniendo más puestos. Además hay tiendas en los bajos de edificios que dan paso a diferentes plantas donde todavía hay más tiendas de todo tipo.

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Compramos algunas cosillas y dimos con una calle donde tenía lugar la actuación de un cantante coreano patrocinada por unos almacenes de allí. El tio era un showman y una especie de Georgie Dan y entre eso y que las señoras coreanas estaban entregadísimas aplaudiendo y bailando canciones animadas pasamos un rato muy divertido.

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No nos imaginamos a los japoneses siendo tan espontáneos como ellos. A todo esto el cielo cada vez estaba más negro y un tremendo chaparrón hizo que la gente se desbandase y que decidieramos meternos en el metro. Como ya anochecía fuimos hasta Insadong, la zona de nuestro hotel y tras dar un paseillo por allí cenamos algo y nos fuimos a descansar. Al día siguiente nos esperaba el palacio Gyeongbokgung.

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