DÍA3: TOKIO, UN MERCADO, RASCACIELOS, UN SANTUARIO Y MÁS

Hoy era nuestro segundo día en Tokio, así que tras desayunar en el hotel, salimos a ver más porque ayer nos habíamos quedado con un buen sabor de boca. Nuestro primer objetivo de hoy era visitar el famoso mercado de pescado de Tsukiji, el más grande del mundo. Renunciamos a intentar visitar la subasta del atún puesto que con las pocas plazas que hay y teniendo en cuenta que tendríamos que estar haciendo cola a las 3 de la mañana para tan solo 15 minutos de subasta, no creímos que mereciera la pena.

Mientras íbamos hacia el metro vivimos una situación surrealista: nuestro hotel estaba en un barrio de oficinas y nos encontramos que por nuestro lado de la acera (sí, los japoneses son ordenados, se va por un lado de la misma acera y por el otro se va en sentido contrario, como los coches) íbamos solo nosotros pero en sentido contrario venían cientos y cientos de oficinistas, con su pantalón oscuro y camisa blanca hacia el trabajo, sin hablar y casi en fila. Increíble, nadie hablaba, todos en silencio hacia sus trabajos.

Sabíamos que el mercado abría al público a las 9 de la mañana pero nosotros llegamos allí sobre las 8:15, por el camino coincidimos con una pareja de españoles con sus dos hijos y como buenos españoles que somos nos hicimos los locos, nos metimos por el mercado de fruta que es lo primero que te encuentras y como quien no quiere la cosa nos encontramos en medio del mercado de pescado. Se supone que hay guardias de seguridad para evitar que la gente entre antes de tiempo pero tuvimos suerte y no dimos con ninguno así que pudimos recorrer el mercado a nuestras anchas. Fue una suerte porque los puestos ya empezaban a recoger y a eso de las 9 ya no quedaba ninguno abierto. El mercado merEce la pena ser visitado, es una inmensa nave llena de puestos donde se abastecen muchos de los restaurantes de Tokio y se cierran infinidad de negocios, vimos atún, marisco, pulpo, peces y moluscos que no habíamos visto nunca antes (y somos gallegos).

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Eso sí, hay que tener en cuenta que es un lugar de trabajo y hay que procurar no molestar a la gente, que a veces no quiere que saques fotos y hay que tener mucho cuidado en los pasillos centrales con las carretillas motorizadas que trasladan las cajas porque pueden ser peligrosas. Al cabo de casi 1 hora decidimos salir por el otro extremo del mercado y al hacerlo nos encontramos con un guardia que nos dijo que no se podía pasar (nosotros ya salíamos, jeje) y que nos entregó una hojita en inglés donde ponía que se abría al público a las 9. Nosotros le dijimos que de acuerdo con nuestra mejor cara de personas obedientes y nos fuimos como si realmente acabáramos de llegar.

Mucha gente visita los alrededores del mercado para tomar el sushi más fresco del mundo para desayunar en los pequeños locales cercanos y aunque teníamos intención de hacerlo renunciamos al ver las enormes colas que había delante de ellos, así que nos fuimos a tomar un café y a por nuestro siguiente objetivo, que era canjear el vale del Japan Rail Pass, puesto que al día siguiente ya visitábamos Kamakura y teníamos que activarlo y reservar los billetes. Para ello decidimos ir a la estación de Shinjuku y canjearlo allí. Cogimos el metro hacia Shinjuku y tras dar unas vueltas, es una estación gigantesca, dimos con la oficina de JR Pass, que se encuentra en el exterior en un lateral. Allí canjeamos el vale y nuestra intención era conseguir los billetes para los próximos días pero finalmente optamos por no sacarlos para no depender de horarios y arriesgarnos a montar en los vagones para asientos no reservados, lo cual al final fue un acierto puesto que ningún día tuvimos problemas. En la propia oficina hay una maquina de cambio de dinero que aprovechamos para cambiar nuestros euros por yenes con un buen cambio. Ya con nuestro JR Pass nos fuimos a la zona de Harajuku la zona de rascacielos de Tokio. Realmente Tokio es una ciudad enorme y aunque tiene rascacielos no esperes encontrar un skyline como en Singapur o en Shanghai.

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La zona de Harajuku tiene rascacielos, pero son más antiguos y no tienen ese aire de modernidad de otras ciudades, aunque de todas formas merece la pena pasear por la zona y, sobre todo, ir a las dos grandes torres gemelas de más de 50 pisos, sede del ayuntamiento de Tokio. Las dos torres tienen un mirador gratuito en lo alto desde donde hay unas grandes vistas de la capital.

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Tras ver las vistas (en días claros hasta se puede ver el Fuji, aunque nosotros no pudimos) curioseamos por la tienda que está en ese piso y que tiene alimentos de todas las regiones de Japón y compramos algún recuerdo. Ya en la calle y como era la hora de comer acabamos en un italiano tomando una pizza bastante rica porque los locales eran todos para oficinistas y no nos apetecía mucho una sopa humeante con el calor que hacía.

Nuestra siguiente parada era el santuario Meiji, cerca de la zona de Harajuku, donde se encuentra enterrado y se venera al emperador Meiji y su esposa, responsable de la modernización de Japón a finales del siglo XIX. Para llegar cogimos el metro hasta la parada de Meiji-Jingumar, que está a la entrada del parque donde está el santuario. El santuario, que es gratuito, se encuentra dentro de un gran parque, al que se entra pasando por una enorme torii de madera, por el camino encontrarás bonitos barriles de sake decorados que son ofrendas del sector.

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Tras unos 15 minutos por un ancho camino de grava por el parque bastante concurrido se llega al santuario propiamente dicho. Sabemos que a otra gente no le llamó mucho la atención pero a nosotros nos encantó la paz y la tranquilidad que se respiraba. El santuario realmente son varios pabellones de madera que forman una plaza. En el principal se venera al emperador y a su esposa, en otros hay un museo donde, previo pago, se pueden ver objetos del emperador y parte del tesoro, aunque nosotros no lo hicimos.

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Desandamos el camino y nos tomamos algo para descansar un poco, a la entrada del parque. Si cruzas la calle, te encontrarás con una gran avenida, Omote-sando, donde están algunas de las marcas de moda más importantes y que es una de las principales zonas de compras de Tokio. La zona está muy concurrida y recorrimos buena parte de la avenida mirando aquí y allá, incluso entramos en una tienda a ver algún robot que interactúa con los clientes.

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Paralela a esta gran avenida, unas calles hacia atrás, está la estrecha calle de Takeshita Dori, una calle muy concurrida donde hay infinidad de tiendas donde compran sus complementos o sus vestidos muchas de las jóvenes que ves vestidas de una forma un tanto estrafalaria para nosotros. En realidad, aunque a nosotros nos llama mucho la atención, unaa vez allí te das cuenta que en Japón no es que exista una moda, sino que cada uno viste como quiere y a nadie le importa como van los demás. En fin, que la calle merece una visita y flipas con lo que ahí y con la gente.

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A todo esto ya había anochecido y decidimos ir a cenar y a tomar algo de nuevo a Shibuya. Así que tras la cena nos volvimos al hotel que al día siguiente nos esperaba Kamakura, en lo que era nuestro estreno con el sistema ferroviario japonés.

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