DÍA 5: VISITANDO NIKKO

Hoy nuestro destino era Nikko, un precioso lugar a más de 2 horas de Tokio donde está enterrado el shogun Tokugawa junto con sus sucesores y que conforman un precioso recinto lleno de santuarios en medio de la naturaleza. Para llegar cogimos el tren Shinkansen hasta Utsunomiya y allí la Nikko Line hasta Nikko. Este último tren ya es más pequeño y en él no se reservan asientos.

Al llegar a la estación de Nikko puedes coger dos tipos de autobuses: los de la compañía Tobu que salen de la estación u que van a las Cascadas Kegón y paran en el Puente Shinkyo y los autobuses World Heritage que salen de la estación de JR Nikko, pasan por la estación Tobu Nikko y luego van a los templos: Parada “Omotesando” para los templos Rinnoji y Toshogu. Parada “Tayuinbyo-Futarasan Mae” para el Tayuinbyo y el Futaraasan. Estos autobuses a la vuelta paran en el puente Shinkyo, pero a la ida no.

Nosotros cogimos el Tobu hasta el puente Shinkyo y nos costó 200Y por persona. El autobús lleva pantallas de TV donde va poniendo las paradas y tardamos un poco en llegar porque había bastante tráfico de buses de turistas y ya fuimos viendo que Nikko era un pueblo lleno de lugares y tiendas para el turista.

Sacamos unas fotos con el precioso puente rojo de fondo que no es el original, sino una reconstrucción después de que fuera destruído por una crecida del río (si quereis cruzar el puente hay que pagar. No recuerdo cuánto aunque no era mucho) y empezamos a subir por unas escaleras hasta los templos.

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Nikko es una zona de montaña y el color que domina es el verde, todo lleno de vegetación y de musgo en las piedras, que junto a los santuarios forman una imagen preciosa. Varios templos se encuentran en proceso de restauración, proceso que va a durar varios años y que hace que no merezca la pena entrar en alguno de ellos pagando la entrada que tiene un precio elevado. En el que más tiempo nos echamos fue en el Toshogu, que contiene las cenizas del shōgun Tokugawa Ieyasu. La entrada es muy bonita porque una ancha avenida bordeada por cedros conduce a una torii de granito.

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A partir de aquí se va pasando por varios patios: en el primero de ellos está la preciosa pagoda Gojunoto, de color rojo.

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Si continuamos nos encontramos con la puerta Niomon y tras ella está el segundo patio, con el establo sagrado, donde podemos ver el grabado en madera de los tres monos sabios (ya sabes, ni ver, ni oir, ni hablar).

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Alrededor de este patio podemos ver almacenes, y la fuente sagrada construida en 1618, que se utilizaba para rituales de purificación.

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A partir de allí, se suben dos escalinatas hacia la puerta Yomeimon, que conduce al patio final y a los santuarios dedicados al shōgun.

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Yomeimon es la puerta más bonita del santuario pero estaba parcialmente cubierta por andamios porque la estaban restaurando, aunque añun así se podría apreciar su belleza.

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A la derecha del patio se accede por otra puerta al santuario del shōgun, aunque hay que subir unas empinadas escaleras.

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Como ya se acercaba la hora de comer desistimos de entrar en alguno de los otros templos, además estaban totalmente cubiertos de andamios y tras haber leído algún comentario al respecto desistimos de verlos y nos fuimos a comer en un restaurante que se encuentra enfrente del puente Shynkio y tras reponer fuerzas nos dirigimos por la carretera que discurre a la izquierda del puente para visitar el abismo de Kanmangafuchi. Fuimos siguiendo las indicaciones y en una media hora llegamos a un sendero que va descendiendo hacia el río y donde se encuentran unas 70 estatuas de jizos cubiertas de musgo debido a la humedad del lugar.

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El conjunto de las estatuas, el río y la soledad (tan solo había dos parejas más) hacían del lugar un sitio precioso y muy especial. Merece la pena, sin duda, acercarse a un lugar apenas visitado de Nikko. Cuando regresamos a la zona del puente nos dirigimos andando hacia la estación de tren y tras tomarnos un café de camino cogimos el tren cuando ya la luz iba camino de desaparecer de Nikko. Hicimos el camino de vuelta a Tokio sin problemas, cenamos cerca del hotel y nos fuimos a la habitación a preparar la maleta porque mañana dejábamoss Tokio en dirección Osaka.

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