DÍA 8: HIMEJI

Suena el despertador, es muuuuuy temprano. Hay que madrugar para visitar Koyasán, que queda lejos. Lo evaluamos en 10 segundos y decidimos….. darnos la vuelta y dormir un poco más. Estamos reventados de los madrugones de todos los días que llevamos acumulados y al final nos hemos dormido. Total, que se nos ha hecho tarde y decidimos cambiar los planes y dedicar el día a visitar el castillo de Himeji, que originalmente íbamos a visitar otro día ya bastante cargado de visitas y así aligerarlo un poco.

Como hoy teníamos tiempo de sobra nos fuimos a la estación con calma y cogimos nuestro tren. Era un tren de alta velocidad con destino Hiroshima y con algunas paradas intermedias como Kobe e Himeji. Al llegar y como ya eran las doce decidimos comer en la estación, puesto que si entrábamos al castillo se nos iba a hacer muy tarde para comer al salir.

El principal atractivo de Himeji es su castillo, el más espectacular de Japón y uno de los pocos que no fue destruído por los bombardeos americanos. Además hace cosa de 1 año que se rehabierto después de una gran remodelación y restauración. El complejo del castillo que se puede ver hoy en día tiene unos 400 años de antigüedad, se completó en 1609 y consta de unos dieciocho edificios extendidos a través de varias murallas y conectados por una serie de puertas y caminos. Según sales de la estación de tren de Himeji te encuentras con una gran avenida recta al fondo de la cual, en lo alto, se encuentra el castillo, con lo que no hay pérdida ninguna. Hacía bastante calor, así que fuimos pegaditos a las sombras de los edificios hasta que llegamos a la puerta Otemon, que da paso a un parque lleno de cerezos. Al fondo del parque se encuentra una taquilla donde se pueden comprar las entradas para ver los jardines y el interior del castillo (son entradas diferentes). El castillo exteriormente es precioso, con sus edificios blancos que hacen que sea conocido como la Garza blanca, y que a los occidentales nos recuerda más a un palacio que a la idea que tenemos nosotros de un castillo.

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Una vez pasada la taquilla entramos a la fortaleza principal, siguiendo el camino que va subiendo hasta el castillo, cruzando puertas y reductos que hacían del castillo un lugar auténticamente inexpugnable.

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Si hace calor os aconsejo que llevéis agua porque dentro del recinto no hay donde comprar y os va a hacer falta. Lo que nos decepcionó fue el interior puesto que las salas que se encuentran dentro del castillo están sin amueblar, no tienen nada que ver y uno lo único que hace es seguir una interminable cola de japoneses que suben todos los pisos del castillo hasta el último. Cada vez que se sube de planta el edificio va estrechándose y cada vez hace más y más calor, debido a la temperatura del día, la cantidad de gente que hay y que las ventanas no están abiertas el ambiente se hace bastante sofocante. Cuando por fin llegamos a la última planta puedes ver toda la ciudad y contemplar los adornos con forma de pez que hay en el tejado que se cree que protegen el castillo del fuego.

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Cuando conseguimos salir del interior del castillo estábamos al borde de que nos diera algo y nos metimos directos en una tienda de recuerdos a comprarnos agua y a recibir una buena dosis de aire acondicionado.

Conclusión del castillo de Himeji: precioso por fuera, totalmente prescindible por dentro. Nos volvimos a la estación, nos tomamos un rico helado y de vuelta para Osaka.

Una vez ya en Osaka, cerca de la estación se encuentra el edificio Umeda, un espectacular rascacielos, que en realidad son dos edificios conectados por unas escaleras mecánicas que cruzan el vacío que hay entre ellas. 20160815_193637

Se puede subir hasta el mirador que hay en la planta 39 para contemplar unas buenas vistas de Osaka, pero había mucha cola y no es muy barato, así que decidimos contentarnos con sacar fotos desde abajo y dar una vuelta por el gran centro comercial que es en realidad la estación de tren de Osaka, por donde cenamos.

El día más relajado de visitas nos había servido para recuperarnos de la paliza que llevábamos, así que ya dejamos todo listo en el hotel para marcharnos al día siguiente a Hirsoshima y Miyajima, donde dormiríamos. Pero como tras esa noche regresaríamos a dormir a Osaka, preparamos una maleta pequeña para Miyajima y dejaríamos la grande en el hotel de Osaka hasta que regresaramos.

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