DÍA 13: KYOTO, DEL PABELLÓN DORADO A ARASHIYAMA

Para nuestras visitas de hoy íbamos a movernos en bus, así que nos dirigimos a la estación de tren ya que delante de ella está la parada de la mayoría de autobuses y nos sacamos en una máquina unos pases diarios que permiten coger el bus todas las veces que quieras y que con prácticamente dos viajes ya has amortizado.

La primera visita del día era uno de los iconos de Kyoto, el Kinkaku-ji o pabellón dorado. La verdad es que era un poco escéptico a la visita puesto que había visto muchas fotos y sí, me parecía bonito pero creía que no era para tanto, tan solo un pequeño pabellón junto a un estanque, pero debo reconocer que el pabellón junto con su entorno forman una imagen realmente espectacular y que hacen que su fama sera realmente merecida. En realidad no se puede visitar su interior sino que se hace un recorrido por un camino que lo rodea, aunque sin duda la mejor vista es la primera que se tiene, desde enfrente, y donde hay que luchar a brazo partido con japoneses y turistas varios para poder sacar la foto del pabellón dorado reflejándose en el estanque que tiene delante. Nos costó pero finalmente lo conseguimos y hasta parece que estábamos solos (como engañan las fotos).

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Cuando salimos del recinto del pabellón dorado cogimos el bus para dirigirnos a nuestro siguiente destino, el Ryoan ji, famoso por su jardín seco de piedras, del que nadie conoce su significado.

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Teníamos curiosidad por verlo pero una vez que estuvimos delante la verdad es que nos quedamos bastante fríos. Sería que ese día no estábamos muy zen, que había demasiada gente o que solo nos parecieron unas piedras en medio de un patio rastrillado, pero no nos llamó la atención y fue una de las entradas que creemos que no merece la pena, aunque tal vez el problema fuera nuestro. En fin, que cada uno juzgue por sí mismo.

Tras este pequeño chasco seguimos con nuestro recorrido: el próximo destino, el templo Ninnaji. Como vimos que no quedaba muy lejos y nos apetecía andar un poco decidimos no coger el bus y caminar hasta llegar a él, lo que nos llevó unos 15 minutos. El Ninnaji, como muchos templos en Japón, no es un único edificio, sino varios dentro de un gran recinto, que cuentan con paneles bellamente decorados, además de unos preciosos jardines.

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Después de esta visita regresamos al centro de Kyoto, comimos y cogimos un nuevo bus para dirigirnos a la zona de Arashiyama, en las afueras de Kyoto y famosa por su bosque de bambú. Nos llevó casi 1 hora llegar hasta allí mientras el bus hacía su recorrido con innumerables paradas. La zona es una de Arashiyama es un lugar de recreo y ocio de naturaleza para los habitantes de Kyoto. Nos dimos un paseo por la zona del río y su pequeño paseo y cruzamos el puente en dirección al templo Tenryuji, el más importante de los muchos que hay en la zona.

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Desgraciadamente ya estaba cerrado y tan solo pudimos ver sus patios y no fue posible acceder a su interior. Lo rodeamos y nos dirigimos a la otra gran atracción de Arashiyama, su bosque de bambú, que es un lugar verdaderamente mágico.

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Mientras uno va por el camino que se adentra en el bosque poco a poco va entrando en un mundo de silencio (no importa que haya gente), cada vez hay más y más bambús hasta que parece que uno está en un tunel rodeado de ellos. Es espectacular ver como se mueven sus partes más altas, mecidas por el viento, y como la luz se filtra entre sus gruesos troncos. En ese momento del día, el atardecer, el bosque de Arashiyama es un escenario que nadie debería de perderse y una buena alternativa para descansar de los templos.

Despúes de esto, regresamos al pueblo de Arashiyama, nos tomamos unos helados en uno de las múltiples tiendas de su pequeña estación de tren (no se puede viajar con JR Pass) y nos dirigimos a la parada para esperar nuestro bus mientras ya anochecía. La vuelta fue un poquito más rápida que la ida aunque ya era noche cerrada cuando llegamos a la estación. Desde ahí fuimos a nuestro hotel paseando por las callejuelas que se encuentran entre las grandes avenidas, donde uno puede ver calles con casas tradicionales japonesas y donde no parece que uno se encuentre en una gran ciudad sino en un pequeño pueblo. Llegamos al hotel, previa parada en el 7-eleven y a dormir que mañana nos esperaba más de Kyoto.

 

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