Diario de Indonesia

DIA 1: VOLANDO HACIA YOGYAKARTA

Después de Kuala Lumpur nuestro destino era Yogyakarta en Indonesia. Se trataba de una visita relámpago de dos días para poder ver el espectacular templo de Borobudur. Desde que lo vimos en algún programa de televisión y en internet nos lo planteamos como un objetivo ineludible en cuanto pudieramos. Aprovechando nuestro viaje al sudeste asiático nos planteamos visitar Yogyakarta y cumplir nuestro deseo. Vimos que teníamos un vuelo de Air Asia desde Kuala Lumpur y no nos lo pensamos.

Primer contratiempo: nuestro avión salía a las 15:00 horas con lo que esperábamos llegar con tiempo para arreglar el desplazamiento a Borobudur en alguna agencia. Pero nos encontramos que cuando ya estábamos sentados en nuestros asientos del avión nos dijeron que teníamos que bajarnos porque había una avería en el avión. 5 horas después de espera y sin mucha información pudimos embarcar, pero ya nos había estropeado un poco los planes porque íbamos a llegar bastante tarde. Llegamos sin muchos contratiempos más a Yogyakarta. Cuando desembarcamos nos encontramos con la sorpresa de que teníamos que pagar el visado porque los españoles solo estaban exentos si entran por determinados aeropuertos como Yakarta o Dempasar pero no por Yogyakarta. Pagamos en euros y ya nos dieron la vuelta en rupias indonesias, así que en cuanto pasamos el control de pasaportes nos encontramos con varios taxistas esperando para cazar a los turistas. Acordamos con uno el precio para que nos llevará al hotel. Sabíamos que nos estaba cobrando bastante más de lo que era el trayecto, pero con el día tan largo que llevábamos solo queríamos llegar de una vez aceptamos. Durante el trayecto el taxista nos dio su tarjeta por si queríamos hacer alguna visita y nos la guardamos por si acaso no encontrábamos algo mejor.

Unos 20 minutos después llegamos a nuestro hotel, el Grand Ashton Yogyakarta, que está un poco lejos del centro, pero en la carretera del aeropuerto. Hicimos el check-in y cenamos algo en el mismo hotel porque ya era tarde. Como el retraso del vuelo hizo que llegáramos tan tarde no pudimos concretar nada para ir tempranísimo a Borobudur, así que decidimos que al día siguiente iríamos a ver el Kraton (el Palacio del Sultán), daríamos una vuelta por Yogyakarta e iríamos a ver Prambanam. Borobudur decidimos dejarlo para un día después, porque nuestro avión saldría al mediodía y teníamos tiempo de sobra para verlo.

DIA 2: YOGYAKARTA

Nuestro primer destino después de saquear el estupendo desayuno buffé del hotel era el Kratón, así que cogimos un tuktuk para que nos dejara casi en la puerta. Por el camino nos hicimos la idea de como es Yogyakarta, una ciudad extensa de edificios bajos y con mucha vida, y que nos causó una buena impresión durante el trayecto.

En la puerta del Kratón, que está abierto de 8:00 a 13:30 nos encontramos con algunos de nuestros compañeros del avión del día anterior. La visita nos llevó una hora y media y aunque habíamos leído comentarios de gente no muy favorables sobre el palacio a nosotros nos gustó, aunque no se trata de un edificio palaciego en sí, sino de una serie de pabellones que a nosotros nos gustaron, aunque algunos de ellos tan solo son salas de exposición de fotos y objetos personales del sultán. Tras pagar la entrada (muy barata) cuando uno cruza la entrada se encuentra con un gran patio donde hay un pabellón donde cada día se celebran diferentes espectáculos para los visitantes como danza, canto, etc. A nosotros nos coincidió ese día un espectáculo de marionetas indonesias, acompañado de un numeroso grupo de músicos y que, a juzgar por las risas del público indonesio, debía de ser bastante divertido. Nos sacamos unas fotos con una gran excursión de escolares indonesios cuando salíamos, además de charlar un rato con una simpática anciana que había formado parte del servicio del sultán (todos los guías y trabajadores del recinto son antiguos sirvientes de la familia del sultán).

Como solo disponíamos de ese día y un poco del siguiente, decidimos no visitar el Palacio del Agua (habíamos leído que no merercía mucho la pena) y cuando salimos nos encontramos con alguna estatua muy curiosa.

Después fuimos hasta la calle Maliboro curioseamos por la multitud de puestos y charlamos con algunos indonesios que sentían curiosidad por saber de donde eramos y, hay que ver lo que une el futbol, porque incluso dimos con un seguidor de la liga y más concretamente del Athletic de Bilbao.

Comimos en la zona de comidas de un pequeñito centro comercial de 3 pisos de la calle Maliboro, que desde fuera parecía una simple tienda más y cuando salimos cogimos el bus para ir a Prambanam. Las paradas son muy fáciles de localizar porque son pequeñas plataformas acristaladas en la calle con torno. El billete nos costó 2.000 rupias indonesias y tardamos casi media hora en llegar. El bus te deja en un lateral del recinto, que es bastante grande, compramos la entrada por 200.000 rupias y accedimos al cuidado y enorme recinto de Prambanam, donde estuvimos unas 3 horas y media viendo los templos. Había bastante gente pero nos gustaron mucho.

No me voy a extender sobre ellos porque hay muchas fotos en internet y muchos comentarios, pero si quereis sacar buenas fotos es mucho mejor la visión que tenéis de los templos desde la parte de atrás.

Sacamos muchas fotos para nosotros y para otra gente que nos lo pidió y a última hora seguimos por el recinto viendo otros pequeños templos que casi nadie visita porque todo el mundo se queda en Prambanam, pero que nosotros queríamos ver después de las fotos y los comentarios de Sele en su blog. Así llegamos al más importante de esos templos, Candi Sewu, que nos dimos el lujo de poder verlo totalmente solos y os recomiendo que no os lo perdáis. A diferencia de Prambanm que es un templo hinduista, Candi Sewu es un templo budista y parte de su encanto es visitarlo a última hora, como hicimos nosotros, cuando atardecía, con una luz preciosa y con el volcán Merapi de fondo.

Encantados por esa joya que habíamos visto, nos dirigimos hacia la salida al tiempo que anochecía. Cerca de la entrada nos encontramos con la tienda del recinto, que ya estaba cerrada, y con una zona vallada donde hay un montón de preciosos ciervos, que acostumbrados a las personas, se acercan para que los puedas acariciar e incluso darles de comer hierbas que un hombre estaba vendiendo allí.

Compramos los pertinentes imanes de recuerdo en un puesto de souvenirs y nos dirigimos a la parada de bus. Cogimos el bus de vuelta y aprovechamos que tenía una parada casi delante de nuestro hotel para bajarnos ahí y no volver hasta la calle Maliboro. Cenamos allí cerca y decidimos preguntarle al taxista del día anterior cuanto nos cobraría por el viaje de ida y vuelta a Borobudur. Tras varios intercambios de whatsapp acordamos que nos llevaría y nos traería por 400.000 rupias y que nos recogería en el hotel a las 5:30 de la mañana, no porque quisieramos ver el amanecer sino porque sabíamos que luego llegaban riadas de gente y queríamos ver Borobudur con un poco de tranquilidad, convencidos de que era un lugar muy especial.

DIA 3: BOROBUDUR, SIN PALABRAS

A las 5:30 de la mañana, medio dormidos, y sin desayunar nos recogió nuestro taxista y comenzamos el viaje a Borobudur que nos llevó 45 minutos porque todavía no había demasiado tráfico, aunque a pesar de la hora que era y de que era domingo ya se veía movimiento de gente iniciando su jornada, y es que parece que en Asia nadie duerme demasiado.

A las 6:15 llegamos a Borobudur, ya impacientes por entrar, acordamos que estaríamos unas 2 horas visitando el recinto y el lugar donde nos esperaría. El precio de la entrada incluye un café o un agua, así que como no habíamos desayunado nos tomamos un café rápido para no perder más tiempo y nos dirigimos hacia Borobudur. Lo empezamos a vislumbrar, majestuoso, al final de unos jardines y nos apresuramos aún más para llegar.

Decidimos ir primero hacia el nivel superior, donde están las stupas con los Budas en su interior, aprovechando que todavía no había demasiada gente y que luego veríamos todos los relieves de los diferentes niveles.

¿Qué puedo decir de Borobudur? Es un lugar mágico, uno de esos lugares que recordarás toda tu vida y uno de esos momentos que te gustaría que nunca terminará. Mientras contemplaba uno de los Budas de tamaño natural rodeado de stupas con Budas en su interior y con la bruma del amanecer, me estremecí de emoción y dimos gracias por estar en ese lugar procurando recordarlo todo para poder guardar ese instante para siempre. Infinidad de fotos después, contemplando los Budas, y el paisaje montañoso que rodea Borobudur, fuimos bajando viendo los espectaculares relieves que adornan los diferentes niveles y los Budas colocados en nichos, cada uno con diferentes posturas de sus manos.

Con gran pena, contemplamos Borobudur en su conjunto desde abajo y nos dirigimos a la salida. Tuvimos que atravesar un interminable pasillo de puestos de recuerdos, muchos de los cuales todavía no habían abierto y, como no, picamos comprando unas pequeñas stupas y cabezas de Buda, tras el regatero correspondiente y llegamos hasta nuestro taxi, que una hora después (ya había más tráfico) nos dejó en nuestro hotel, justo 10 minutos antes de que se cerrará el desayuno, con lo cual pudimos aprovechar y desayunar en condiciones. Después de reponer fuerzas, subimos a la habitación a hacer la maleta, porque a mediodía cogíamos un avión para volar hacia Kuala Lumpur de vuelta.

Como teníamos algo de tiempo todavía, salimos a callejear un poco y, ya de vuelta, cogimos un taxi para ir hacia el aeropuerto. Nos fuimos con pena, porque lo que habíamos visto en Yogyakarta nos había encantado y habiamos descubierto un país, Indonesia, precioso, con gente amable, al que nos prometimos que un día volveríamos para conocer todas las maravillas que ofrece. Fue una visita breve, pero nos llevábamos el recuerdo de Prambanam, el Kraton, y sobre todo de un amanecer inolvidable en Borobudur.

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