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Visitar Mathausen

Mathausen está a medio camino de Viena y Salzburgo, sobre hora y media desde Viena. Si vais en coche, para llegar el campo desde Viena hay que salir por la autopista A1 dirección Linz/Salzburg y salir en  la población de Enns y el rotulo a seguir está indicado por la dirección a KZ Gedenkstatte.

No está muy bien indicado, se ve que a los austríacos no les hace mucha gracia esa parte de su pasado y no lo publicitan mucho. Hay que andar con ojo, porque en Austria muchas veces las señalizaciones en las carreteras secundarias te las encuentras encima, sin tiempo a desviarse

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La entrada nos costó dos euros. Hay un gran parking fuera para dejar el coche (cuesta 1 euro). A la entrada hay una tienda donde puedes comprar libros sobre la historia del campo (los hay en español) y una pequeña cafetería.

Nosotros lo visitamos en agosto y había muy poca gente. Una de las cosas que más impresiona es el silencio que hay, nadie habla en voz alta , y todo el mundo lo ve con mucho respeto. Una vez cruzada la entrada del campo, te encuentras con el patio central, donde puedes ver las argollas y grilletes fijados a la pared donde encadenaban a los presos y las placas colocadas por países, antiguos presos y ex-combatientes recordando a los muertos allí. Se ha conservado una calle con los barracones, a los que se puede entrar y allí ver el escaso mobiliario que había y uno se puede imaginar las condiciones de hacinamiento que sufrió allí la gente. Uno de los lugares más emocionantes es uno de los barracones vacíos donde están todas las banderas de los países a los que pertenecían los presos  y diversas placas conmemorativas. En el caso de España está la bandera republicana. En un extremo del campo hay una serie de monumentos erigidos por diversos países en homenaje a las víctimas.

Aunque Mathausen no fue un campo de exterminio, sino de trabajo, sin duda, uno de los lugares más estremecedores es el edificio donde estaba la camara de gas, con aspecto de duchas, y el horno crematorio donde se deshacían de los cadáveres. Uno sale con muy mal cuerpo de allí. En la entrada hay placas de familias españolas recordando a sus parientes muertos allí.

 

Otro de los lugares estremecedores es la cantera de la muerte, con su gran escalera tallada en piedra en la ladera del monte y por la que los presos subían varias veces al día , con temperaturas bajo cero y cargados con un gran peso de piedras, con el riesgo de resbalar por culpa de los escalones helados y precipitarse al vacío. Uno de los entretenimientos de las SS consistía en arrojar a alguno de los presos al vacío para ver como “volaban”. Por último, para completar la visita hay una gran exposición donde podemos ver una explicación sobre los campos nazis, con gran cantidad de fotografías tomadas en el campo y de objetos de los presos y del día a día que nos ayudan a comprender la tragedia que se vivió allí.

 

En resumen, creo que es una visita que se debe hacer, aunque a nadie le resulte agradable, y que sirve para recordar lo que sucedió en un lugar donde murió un gran número de españoles republicanos

 

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